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El crédito en México no es escaso. Está mal fechado.

México presta 25% de su PIB al sector privado; el promedio de LatAm es 47%. Pero entre 2018 y 2023 el acceso retrocedió. La escasez no explica todo: el crédito disponible está fechado para un calendario que no es el de la empresa exportadora.

Autor

Luis Garza

El crédito en México no es escaso. Está mal fechado.

Latinometrics publicó esta semana una gráfica que vale la pena mirar dos veces.

Crédito bancario al sector privado como porcentaje del PIB, datos del Banco Mundial a 2023. México aparece en 25%. El promedio de América Latina es 47%. Chile está en 80%, Brasil en 71%, y Honduras, una economía muchísimo más pequeña, en 74%. Por debajo de México en la región prácticamente solo queda Argentina, con 12%.

Ese es el dato que circula. Pero el que de verdad incomoda es el segundo que trae el mismo análisis: entre 2018 y 2023, la proporción de empresas mexicanas con acceso a financiamiento retrocedió, de alrededor del 12% a aproximadamente una de cada diez.

Retrocedió. En el mismo periodo en que el ecosistema fintech mexicano se multiplicó, en que entró capital de riesgo al sector como nunca antes, y en que aparecieron decenas de jugadores nuevos ofreciendo exactamente eso: crédito a empresas que el banco no atiende.

Si el problema fuera únicamente falta de oferta, cinco años de expansión habrían movido la aguja. No la movieron.

La pregunta que el dato deja abierta

La lectura fácil de esa gráfica es que en México falta crédito. Es cierta, y es insuficiente.

Porque hay una diferencia entre que no exista crédito y que el crédito que existe no le sirva a quien lo necesita. Y cuando uno se sienta con empresas exportadoras, que es lo que nosotros hacemos todos los días, lo que aparece no es tanto la ausencia del producto como el desajuste del producto.

Nuestra tesis, y claro que la ponemos a discusión: el crédito disponible en México está estructurado para un calendario que no es el de la empresa exportadora.

No es un problema de monto. Es un problema de fecha.

Los dos calendarios

Mira lo que pasó este año en el sector agroalimentario, que es donde el desfase se ve con más nitidez.

Según INEGI, entre enero y mayo de 2026 las exportaciones totales de México crecieron 22.6%. Las agropecuarias, en el mismo periodo, cayeron 4.2%. Fue la única categoría a la baja. En abril, la exportación de fresa fresca cayó 56.5% interanual (boletines 300/26 y 404/26).

Es un contraste raro. El país exporta más que nunca y el campo exporta menos. Y cuando uno pregunta en el sector qué pasó, la respuesta casi nunca es que no se pudo producir. Es alguna variante de: se atravesó un cierre fronterizo, un retraso de inspección, un comprador que movió el pago, un tipo de cambio que se comió el margen de la temporada.

El problema no está en la parcela.

Está en que una empresa agroexportadora vive con dos relojes que no coinciden:

  • El reloj de la operación: la temporada se planea con seis a nueve meses de anticipación. El insumo se compra antes. La nómina de campo se paga cada viernes, sin excepción y en pesos.

  • El reloj del dinero: el retailer estadounidense paga a 45 o 60 días después de recibir. Paga en dólares. Y el banco convierte esos dólares cuando le toca a él, al corte de su día, no cuando la empresa lo necesita.

Entre esos dos relojes hay un hueco de dos meses que alguien tiene que financiar. Hoy lo financia la empresa, con su propio flujo, todas las temporadas.

Eso no aparece en la gráfica del Banco Mundial. Pero es exactamente el lugar donde una empresa perfectamente sana, con contratos firmados y compradores de grado de inversión, se declara sin acceso a financiamiento.

Qué significa mal fechado, en concreto

Tres formas específicas en que el producto financiero no coincide con la operación:

Uno: se evalúa con estados financieros anuales una operación que es estacional. Una agrícola de exportación puede tener seis meses excelentes y seis meses planos, y el promedio anual no describe a ninguno de los dos. El comité de crédito lee el promedio. La empresa vive los picos.

Dos: se pide garantía inmobiliaria a una empresa cuyo activo real es una cuenta por cobrar en dólares. Es probablemente el desajuste más caro. Una empresa que le vende a un retailer estadounidense con grado de inversión tiene un activo excelente: una factura contra un pagador confiable, en moneda dura. Pero el modelo tradicional no lo lee como colateral, y le pide en cambio un terreno.

Tres: se liquida el tipo de cambio al corte del banco, no al momento del cobro. Parece un detalle técnico y no lo es. Sobre un volumen anual relevante, la diferencia entre convertir cuando a uno le conviene y convertir cuando le toca al banco es una cifra de seis dígitos. Una empresa del sector con la que conversamos hace poco tenía su propio análisis: por cada peso que se aprecia el tipo de cambio, pierde alrededor de 400 mil dólares al año.

Esa empresa no tiene un problema de acceso a crédito. Tiene un problema de fechas.

Por qué esto importa más allá del secrtor agro

El caso agroexportador es el más vívido porque la estacionalidad lo exagera. Pero la lógica se repite en manufactura, en autopartes, en alimentos procesados, en cualquier empresa mexicana cuyo ingreso llega de Estados Unidos y cuyo costo se paga en México.

Y explica, al menos parcialmente, por qué cinco años de innovación financiera no movieron el número agregado: buena parte de la oferta nueva replicó la estructura de plazos de la oferta vieja. Más rápido, más digital, con mejor experiencia de usuario, pero con el mismo calendario.

Cerrar la brecha entre 25% y 47% no depende únicamente de que haya más dinero disponible. Depende de que el dinero disponible esté fechado como opera la empresa: líneas que se disponen y se pagan al ritmo de la temporada, cobranza en dólares que no obliga a convertir a destiempo, y estructura que reconozca la cuenta por cobrar como lo que es.

Una conversación pendiente

Sabemos que nada de esto se resuelve en un blog.

El 29 de septiembre hacemos Mesa Agro, una sesión de una hora con Betty Ochoa Vega de Fructus Farms, y Fernando Marrón, de Nature's Choice Produce. Uno lo cuenta desde la operación y el otro desde la tesorería. El tema es precisamente este: el hueco entre cómo se planea una temporada y cómo se cobra.

Será una charla de dos personas que viven los dos calendarios explicando cómo los cuadran.

Registro al evento aquí : Mesa Agro Marco 29 de septiembre 2026, 10:00 hrs MX.

Datos de crédito: Banco Mundial, vía Latinometrics . Datos de comercio exterior: INEGI, boletines 300/26 y 404/26.

Artículo escrito por

Luis Garza

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